¿Qué es el Adviento?
El Adviento es el tiempo litúrgico que abre el año de la Iglesia. Comprende las cuatro semanas anteriores a la Navidad y constituye un periodo de preparación espiritual para celebrar el nacimiento de Jesucristo. La palabra "adviento" proviene del latín adventus, que significa "llegada" o "venida", y encierra una doble dimensión: nos prepara para conmemorar la primera venida de Cristo en Belén y nos mantiene alertas para su segunda venida al final de los tiempos.
El color litúrgico del Adviento es el morado, símbolo de penitencia, conversión y espera. Durante este tiempo, la liturgia adopta un tono de sobriedad: se omite el Gloria en la Misa y la decoración del altar es más sencilla. Sin embargo, el Adviento no es un tiempo triste sino de esperanza gozosa. El tercer domingo, llamado "Gaudete" (¡Alégrate!), se usa el color rosado como signo de la alegría que se acerca.
A diferencia de lo que propone la cultura comercial —que adelanta la Navidad a noviembre—, la Iglesia nos invita a vivir primero la espera para poder celebrar después con profundidad. El Adviento nos enseña que las cosas grandes requieren preparación, que la paciencia es virtud y que la mejor forma de recibir a alguien es preparándole el corazón.
"Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos." (Mc 1,3)
La corona de Adviento
La corona de Adviento es uno de los símbolos más hermosos de este tiempo litúrgico. Consiste en una corona de ramas verdes —símbolo de vida eterna— con cuatro velas que se encienden progresivamente, una por cada domingo de Adviento. Su forma circular representa la eternidad de Dios, sin principio ni fin.
Cada vela tiene un significado especial:
- Primera vela (morada) — Esperanza: Recuerda a los patriarcas y profetas que esperaron al Mesías. Se enciende el primer domingo de Adviento.
- Segunda vela (morada) — Paz: Simboliza la preparación para recibir a Cristo, Príncipe de la Paz. Evoca la predicación de Juan el Bautista.
- Tercera vela (rosada) — Alegría: Corresponde al domingo Gaudete. La cercanía de la Navidad llena de gozo la espera.
- Cuarta vela (morada) — Amor: Representa el amor de Dios que envía a su Hijo al mundo. Se enciende en la última semana antes de Navidad.
Encender la corona de Adviento en familia, acompañada de una breve oración o lectura bíblica, es una tradición sencilla y profunda que transforma el hogar en una pequeña iglesia doméstica. A medida que las velas van iluminando más, la oscuridad retrocede: Cristo, la Luz del mundo, se acerca.
Las figuras del Adviento
Tres grandes figuras bíblicas marcan el camino del Adviento y nos enseñan distintas formas de esperar a Dios:
El profeta Isaías es la voz del Adviento por excelencia. Sus profecías mesiánicas resuenan en la liturgia de estas semanas: "He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel" (Is 7,14). Isaías nos enseña a esperar con visión, a mirar más allá de las dificultades presentes y confiar en las promesas de Dios, por imposibles que parezcan.
Juan el Bautista es el precursor, la voz que clama en el desierto. Su mensaje es directo y urgente: "Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca" (Mt 3,2). Juan nos enseña que preparar el camino del Señor exige conversión real: enderezar lo torcido, allanar lo desigual, dejar atrás el pecado. No basta con esperar pasivamente; hay que disponerse activamente.
La Virgen María es el modelo perfecto del Adviento. Ella esperó nueve meses llevando en su vientre al Salvador del mundo. Su espera no fue ansiosa sino contemplativa, llena de fe y abandono en Dios. María nos enseña a esperar en silencio, guardando las cosas en el corazón, confiando en que Dios cumple sus promesas en el momento justo.
📖 Para profundizar: Conoce más sobre cómo vivir los tiempos litúrgicos con intensidad en nuestro artículo sobre La Cuaresma: tiempo de conversión y gracia.
Cómo vivir el Adviento en familia
El Adviento ofrece una oportunidad única para fortalecer la vida espiritual del hogar. Estas son algunas sugerencias prácticas para vivirlo en familia:
- Encender la corona de Adviento: Reúnanse cada domingo (o cada día) alrededor de la corona, enciendan la vela correspondiente, lean un breve pasaje del Evangelio y recen juntos.
- Calendario de Adviento espiritual: En lugar de chocolates, coloquen cada día una acción de caridad, una oración especial o un propósito concreto de mejora.
- Obras de caridad: El Adviento es tiempo propicio para la generosidad. Visiten a enfermos, donen ropa o alimentos, acompañen a personas solas. Preparen el pesebre del corazón con actos de amor.
- Preparar el Nacimiento: Montar el belén poco a poco, añadiendo figuras cada semana, es una tradición que enseña a los niños el verdadero sentido de la Navidad.
- Confesión: Acérquense al Sacramento de la Reconciliación durante el Adviento para recibir a Cristo con el corazón limpio en Navidad.
- Simplificar: Resistir la tentación del consumismo navideño. Menos compras y más oración, menos ruido y más silencio interior.
El Adviento como actitud permanente
Aunque el Adviento dura solo cuatro semanas, la actitud que nos enseña debería acompañarnos todo el año. El cristiano es esencialmente alguien que espera: espera la venida definitiva de Cristo, espera la plenitud del Reino, espera la resurrección y la vida eterna. La esperanza no es un optimismo ingenuo sino una virtud teologal, un don de Dios que nos permite confiar en sus promesas incluso en medio de la oscuridad.
En un mundo marcado por la inmediatez, el Adviento nos recuerda el valor de la espera paciente. En una cultura que busca la satisfacción instantánea, la Iglesia nos propone cuatro semanas de preparación antes de celebrar. No es tiempo perdido: es tiempo ganado para el alma.
Que este Adviento sea para ti y tu familia un verdadero camino hacia Belén. Que al encender cada vela de la corona, la luz de Cristo ilumine más tu vida. Y que cuando llegue la Nochebuena, tu corazón sea un pesebre digno donde el Niño Dios quiera nacer de nuevo.